Conocido en el mundo anglosajón como intermittent fasting, el ayuno intermitente goza cada vez más de mayor popularidad, todo ello gracias a que los estudios científicos de los últimos años le otorgan múltiples beneficios. Y es que, hoy por hoy, muchos de los aspectos negativos que se le asociaban han sido justamente refutados. Pero, ¿en qué consiste exactamente? ¿cuáles son esos beneficios? A continuación os lo explicamos.

Ayuno intermitente, ¿qué es?

Este método se basa en intercambiar periodos de ayuno con periodos de ingesta de alimentos. Existen varias modalidades, siendo las más conocidas la 16/8, la 24 y la 48. La primera de ellas consiste en realizar periodos de ayuno de 16 horas seguidas de 8 horas de consumo de alimentos (en las que realizaríamos 2 comidas). Las otras dos se basan en ayunos de 24 y 48 horas respectivamente. Estos dos últimos tipos de ayuno intermitente son más complejos y, a priori, pueden asustar a la gente, pues tendemos a pensar que nos provocarán problemas de salud o cansancio extremo. Sin embargo, esto no corresponde a la realidad, pues tras un periodo de adaptación, el cuerpo acaba por responder perfectamente a este tipo de situaciones, sin que se presenten problemas asociados a ellas.

Beneficios del ayuno intermitente

Reduce los niveles de azúcar e insulina en sangre: el ayuno intermitente parece potenciar la respuesta del cuerpo hacia la insulina, que es la hormona que equilibra los niveles de azúcar en sangre. De este modo, a menos cantidad, misma respuesta, ayudando a prevenir el sobrepeso, las enfermedades cardiovasculares o la diabetes.

Retrasa el envejecimiento: si nuestra dieta se basa en alimentarnos una vez cada pocas horas se elevan los niveles de IGF-1 (Factor de Crecimiento Insulínico). Dicho de otro modo, esto provoca una multiplicación de las células, potenciando su envejecimiento. Por otro lado, esta multiplicación puede provocar mutaciones que en ocasiones se convierten en el caldo de cultivo ideal para ciertos tipos de cáncer.

Promueve la pérdida de peso sin que afecte a la masa muscular: al bajar los niveles de azúcar en sangre, el cuerpo extrae la energía de la grasa que tienes acumulada. A diferencia de las dietas proteicas, en las que el organismo usa la grasa acumulada y también el tejido muscular (lo que conlleva un debilitamiento de los músculos), con el ayuno no sucede, pues en los periodos de ingesta, los hidratos de carbono no están restringidos ni limitados.

Reduce la inflamación y el estrés oxidativo: numerosos estudios avalan que el ayuno intermitente nos permite reducir los niveles de inflamación en el cuerpo y prevenir la aparición de ciertas enfermedades crónicas mediante el aumento de la resistencia de nuestro organismo al estrés oxidativo (proceso en el que moléculas de condiciones inestables reaccionan contra otras, como las de las proteínas y el ADN, y dañan así nuestro organismo).

Afecta positivamente a nuestra plasticidad neuronal: el autocontrol que promueve el ayuno tiene un efecto liberador, teniendo mayor dominio sobre tu estado de ánimo. Esto produce una mejora en el funcionamiento del cerebro, así como ayuda a prevenir múltiples enfermedades mentales.

Reduce triglicéridos y optimiza el perfil lipídico: está demostrado que el ayuno intermitente reduce el nivel de triglicéridos en sangre y ayuda a bajar los niveles del colesterol malo (LDL).

Por lo tanto, podemos concluir que son múltiples las ventajas de este método, que más que una dieta, es casi un estilo de vida. Sin embargo, no todas las personas están capacitadas para llevarlo a cabo. Si sufres de inestabilidad emocional o practicas algún deporte de alta intensidad, quizá no sea lo más adecuado y, nada recomendable en caso de estar embarazada o padecer diabetes. Así que, antes de pasar a ser uno más de los  miles de entusiastas del ayuno intermitente, se recomienda consultar con un especialista.

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Nació en Ourense en 1987. A los 17 años se mudó a Estados Unidos donde pasó 4 años trabajando de traductor y estudiando música. A su regreso a España se licenció en Filología Hispánica en la USC. Como cualquier treintañero venido a menos, cada vez está más convencido de los beneficios del ejercicio y de una buena alimentación.

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